Stiell: A medida que calor extremo se agrava, el embarazo y el parto se convierten en una nueva línea de fractura en la crisis climática mundial
5 Octubre 2026
Discurso de ONU Cambio Climático
Simon Stiell speaking at an event on maternal health at the Pre-COP in Fiji.
Credit: Wellcome

A continuación se presenta la traducción al español del discurso pronunciado por Simon Stiell, Secretario Ejecutivo de ONU Cambio Climático, en un evento organizado por Wellcome, durante el primer día de la reunión ministerial oficial Pre-COP, el lunes 5 de octubre de 2026 en Fiyi.

Bula vinaka.

Gracias a Wellcome, y al Gobierno y al pueblo de Fiyi.   

Su colaboración con otras islas del Pacífico y con Australia durante esta semana crucial es un punto de partida vital para la COP31 en Antalya.

Aquí, en el Pacífico, el cambio climático no es una abstracción.  

Se siente en los hogares, las aldeas, las granjas, las pesquerías y las clínicas; en los desplazamientos para recibir atención médica; y en la disponibilidad y el costo de los alimentos, el agua, la energía y el transporte.

El liderazgo del Pacífico es igual de real: está arraigado en la dignidad, la cultura, la gestión responsable y la comunidad.

Estos poderosos valores —junto con su enfoque decidido en las soluciones— deben guiar nuestro camino hacia la COP31.

Amigas, amigos,

El proceso de políticas climáticas se mide en grados, metas y financiamiento. Pero una prueba profunda de la acción climática es mucho más sencilla: si protegemos la vida en su forma más frágil.

Nos encontramos en un mundo nuevo y más caluroso, mientras el mundo sigue quemando combustibles fósiles que calientan el planeta, sobre todo en las economías del G20.

Los últimos once años han batido récords.  

Mientras las condiciones de El Niño nos recuerdan cuán rápido pueden intensificarse el calor y las perturbaciones, debemos ser muy claros: nos encontramos en un entorno operativo completamente nuevo.

El aumento de las temperaturas implica un mayor peligro durante el embarazo.

El calor extremo provocado por el cambio climático durante el embarazo se asocia cada vez más con partos prematuros, mortinatalidad, bajo peso al nacer y complicaciones maternas.

Los nuevos datos publicados hoy —procedentes de una encuesta encargada por Wellcome a profesionales de la salud materna en cinco países de los cinco continentes— son a la vez contundentes y profundamente preocupantes.   

Casi tres cuartas partes de los profesionales de la salud (73 %) informaron que los casos o complicaciones relacionados con el calor han aumentado en los últimos cinco años.   

Más de cuatro de cada cinco encuestados (81 %) están preocupados o muy preocupados de que el calor extremo ponga cada vez más en riesgo la salud materna, fetal y del recién nacido si no se toman más medidas.

Casi todos los encuestados han atendido a una mujer embarazada (98 %) o a un bebé (99 %) cuya salud, en su opinión, se vio afectada por el calor extremo.

Detrás de esas cifras hay historias humanas: el viaje de una futura madre a la clínica retrasado por un calor peligroso; una partera que trabaja en medio de temperaturas inseguras; un recién nacido que necesita atención especializada —a menudo escasa en países vulnerables—; una familia devastada por la preocupación.  

El panorama es claro y muy inquietante: a medida que el calor extremo se agrava, el embarazo y el parto se han convertido en una nueva línea de fractura en la crisis climática global, y una que puede ser mortal

Esta línea de fractura no debe convertirse en otro abismo profundo de sufrimiento, desigualdad e injusticia provocados por el cambio climático.

El embarazo debería ser un momento de esperanza.

Pero para millones de personas, se está convirtiendo en un momento de ansiedad, ya que los impactos climáticos llenan la vida cotidiana de riesgos. A medida que el calor extremo y otros desastres provocados por el clima ponen a prueba los sistemas de salud y ponen en peligro elementos esenciales como los alimentos, el agua y la energía.

Nadie está a salvo. Pero los riesgos y los impactos no se distribuyen de manera equitativa.

Quien trabaja al aire libre, vive en una vivienda precaria, debe recorrer largas distancias para llegar a una clínica o depende de instalaciones sin agua, electricidad o aire acondicionado, no puede protegerse solo con consejos.

“Mantenerse fresco” simplemente no es una opción cuando no hay un lugar fresco adónde ir.  

Un parto seguro ya depende con demasiada frecuencia de la ubicación geográfica, los ingresos y el acceso a la atención médica. Si no se toman medidas, el calor extremo agravará esa injusticia.  

No podemos permitir que los efectos cada vez más graves del cambio climático se conviertan en obstáculos permanentes para las salas de maternidad y las familias de todo el mundo.

Amigos, amigas,

Soy padre, pero no puedo pretender saber lo que se siente al llevar un embarazo en esas condiciones.

Las madres, las parteras, las y los médicos, enfermeros, enfermeras y las familias hablan desde su experiencia vivida. Debemos escucharlas.

Para las islas pequeñas —y otras naciones que prácticamente no hicieron nada para provocar esta crisis climática— esto subraya la necesidad de un apoyo a gran escala.

Se debe cumplir con la triplicación de los fondos para la adaptación acordada en la COP30 en Brasil. Las naciones deben unir fuerzas —junto con todo el sistema financiero— para hacer realidad los 1,3 billones anuales destinados a los países en desarrollo.   

Para ayudar a desarrollar la resiliencia sistémica y acelerar la transición hacia una energía limpia, accesible y segura —de la que dependen los sistemas de salud eficaces—.  

La campaña «Birthright» de Wellcome y el trabajo de la Organización Mundial de la Salud en esta área son realmente importantes porque pueden ayudar a cerrar brechas peligrosas.

Destacan tres prioridades.

En primer lugar, integrar el embarazo y la atención a los recién nacidos en la planificación de la adaptación, el calor y la salud.

Lo que no se menciona en un plan, con demasiada frecuencia, no recibe financiamiento, no se mide y no se protege.

El Acuerdo de París deja claro que la adaptación debe ser sensible al género, participativa y transparente.  

Un ejemplo destacado es garantizar que la salud materna y neonatal se refleje en los planes nacionales de adaptación y de acción contra el calor, respaldados por los recursos y servicios necesarios para proteger a quienes más lo necesitan —desde clínicas resilientes y suministro confiable de energía y agua hasta personal de salud capacitado—.

En segundo lugar, convertir la evidencia en protección.

Esto implica contar con orientaciones más claras, capacitación, alertas de calor, instalaciones más seguras, así como sistemas de agua, energía y salud preparados antes de que llegue la crisis.

En tercer lugar, medir y analizar para mejorar.

El daño que no se contabiliza se ignora con demasiada facilidad.

A medida que suben las temperaturas, los datos deben mostrar dónde están aumentando los riesgos, qué intervenciones funcionan, qué comunidades están expuestas y dónde se necesita apoyo financiero y tecnológico.

La cooperación internacional puede respaldar ese esfuerzo.

El Plan de Acción de Belém sobre Género fortalece las medidas climáticas con perspectiva de género, así como los datos, el financiamiento y la participación.  

Además, crea un espacio para que los países y otras entidades evalúen cómo los impactos climáticos afectan la salud, la violencia de género, el trabajo de cuidados y otros aspectos.

Esto puede ayudar a construir una base de evidencia más sólida y servir de base para el próximo Balance Mundial (GST).

Los Indicadores de Adaptación de Belém también pueden ayudar a dar seguimiento al progreso hacia servicios de salud resilientes al cambio climático y a la reducción de las enfermedades y muertes relacionadas con éste.

La Presidencia de la COP31 de Türkiye, en colaboración con el presidente de las negociaciones de Australia, merece ser elogiada por convertir la salud en una prioridad clave, basándose en el trabajo realizado por Brasil el año pasado.

En todas las culturas, la llegada de un bebé es algo precioso.

Por eso, todos deberíamos estar de acuerdo.

Nunca se debe aceptar que el cambio climático sea una razón para que el embarazo y el parto sean menos seguros  

El comienzo saludable de un recién nacido nunca debe depender de la capacidad de una familia para escapar del calor;  

Esta labor es urgente, profundamente humana, y todos compartimos la responsabilidad de impulsarla juntos.  

Gracias.